La búsqueda del punto débil

Normalmente, los sospechosos, los detenidos y acusados de hechos delictivos más o menos graves se cierran en banda y niegan la mayor. Es decir, en muchas ocasiones, la declaración policial consiste en un mero trámite ya que los investigadores tratan de buscar pruebas más que suficientes, independientemente de lo que declare el detenido. La declaración en sede policial tiene un valor relativo y ha de ser ratificada posteriormente ante la autoridad judicial, bien en la fase de instrucción bien en el juicio oral.

Pero existen determinadas situaciones que hacen necesario que el detenido declare en dependencias policiales ya que resulta fundamental para la resolución del caso. Imagínense que se detiene al sospechoso de haber cometido el secuestro de una niña y esta no aparece. La confesión es fundamental y urgente.

Los sospechosos de los delitos son seres humanos con sus motivaciones, razonamientos y sentimientos. Con independencia de la naturaleza más o menos graves de los hechos de los que se les acusa. La comisión de un hecho criminal y los momentos posteriores generan un elevado nivel de estrés físico y psicológico, especialmente si se trata de un delito grave.

Gestionar ese torrente de emociones y saber encauzarlo adecuadamente resulta de gran utilidad para los investigadores policiales.

En ocasiones se negocia con algunos detenidos para que entreguen a otros sospechosos pendientes de detener a cambio de alguna “pequeña contrapartida” como puede ser el evitar molestias o inconvenientes a sus familiares directos.  Existen numerosos casos sobre negociaciones parecidas en las cuales los sospechosos mostraban una especial preocupación con un tema concreto: su madre, sus hijos, el cuidado de su mascota, etc. Detectar esos puntos débiles es una misión fundamental de los investigadores policiales, especialmente de los encargados de su declaración y/o entrevista policial.

El caso del homicidio de Laura Alonso ocurrido en Orense en el verano de 2009, en el que se detuvo a su ex novio  Javier Cruz González, es uno de los múltiples ejemplos de detenidos que finalmente confiesan tras ser interrogados y presionados psicológicamente. El detenido se derrumbó cuando la Guardia Civil amenazó con registrar su vivienda. Al parecer guadaba el bolso de la víctima en casa

Javier Cruz confesó ser el autor de la muerte de la joven de 19 años, cuyo cadáver apareció el pasado sábado en un monte de Toén tras una semana de intensa búsqueda.

El detenido se decidió a colaborar con la Guardia Civil, al conocer que registrarían la casa donde convivía con sus padres.  Javier Cruz se derrumbó cuando los agentes le amenazaron con el registro y decidió admitir que le había asfixiado con la chaqueta de ella, una prenda negra fina de verano.

La Guardia Civil presionó al ex novio de la víctima con el registro y, cuando el presunto asesino pensó que su familia iba a verse salpicada, anunció su disposición a colaborar con los investigadores del caso. Fue entonces cuando reconoció lo que había negado de forma insistente, según aclararon fuentes de la investigación en ‘La Voz de Galicia’.

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/08/31/espana/1251744676.html

http://www.rtve.es/noticias/20090901/familiares-amigos-laura-alonso-piden-ourense-cadena-perpetua-para-javier-cruz/290721.shtml

En otras ocasiones, los agentes han de tratar de empatizar con el sospechoso al objeto de lograr que colabore en la reconstrucción de los crímenes o en la averiguación y esclarecimientos de otros hechos sin resolver. Respecto a los asesinos en serie o psicópatas, es evidente que las motivaciones de estos personajes no van a ser como las del común de los mortales. Es muy frecuente que se logre algún tipo de colaboración estimulando el ego del sospechoso. Existen numerosos casos de colaboración post detención como por ejemplo el caso del colombiano Luis Alfredo Garavito Cubillos Génova, (Quindío, Colombia, 25 de enero de 1957) es uno de los asesinos en serie más prolíficos de Colombia. Detenido el 22 de abril de 1999, a sus 42 años, fue declarado por los investigadores y jueces como un asesino en serie por la muerte de 147 niños en distintas regiones de Colombia entre 1992 y 1998.

     

La clave del interrogatorio, y en general de la obtención de colaboración por parte del detenido, reside en que el interrogador detecte los puntos débiles psicológicos del sujeto de manera que se altere la percepción que tiene de la situación y se consiga una apertuna en su posición defensiva.

Cuando el interrogado pertenece al crimen organizado no  se suele buscar expresamente la declaración de los detenidos ya que, previamente  a la detención, se cuenta con numerosas pruebas inculpatorias que hacen innecesaria la confesión del detenido. Además, hay que tener en cuenta el perfil criminológico de las personas detenidas en el ámbito de este tipo de investigaciones: delincuentes habituales, conocedores del procedimiento judicial y policial, que saben perfectamente los riesgos que asumen al relacionarse más de lo debido con la policía.

Esas claves psicológicas se emplean y son de utilidad para conseguir la colaboración de detenidos, testigos y sospechosos. Es evidente que durante los interrogatorios, entrevistas, declaraciones y otro tipo de comunicaciones interpersonales, los investigadores, en muchas ocasiones, tienen que realizar un proceso de “manipulación” con sus interlocutores. Siempre con el objetivo final del esclarecimiento del caso. Pero esto suscita algunas dudas, ¿hasta que punto es lícita esa manipulación?, ¿se puede realizar sobre personas no sospechosas?. Las herramientas legales con las que cuentan los policías y guardias civiles en España son escasas, débiles y no se les puede pedir milagros. Nuestro sistema procesal penal no permite ofrecer al detenido un acuerdo con la fiscalía, como en las películas americanas. El sistema exige resultados y condenas (imaginaros por un momento el caos social que se generaría si  la mayoría de detenidos por delitos graves quedaran impunes), pero prefiere no saber como se consiguen….

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