Balacera en Tijuana

Tijuana, enero de 2008, ciudad fonteriza entre México y EE.UU. situada en la baja California. Un punto estratégico para la introducción de droga e ilegales en Estados Unidos. Los grupos criminales lo saben y luchan por su control. Los cárteles de  Arellano Félix y el de Sinaloa combaten sin cuartel por esta importante plaza, contabilizando muertes a diario. Los cuerpos decapitados con mensajes destinados al cártel rival aparecen en cada esquina. El clima de delincuencia y violencia generados por el crimen organizado se hace irrespirable. La corrupción se extiende a todos los niveles. Los agentes de la Policía Federal se rotan cada seis meses en Tijuana para evitar que se corrompan. Los delincuentes circulan a toda velocidad por la ciudad en pick-ups con cristales tintados y sin matrícula. Unidades de la policía federal se mueven por la ciudad de la misma forma. Los ciudadanos están aterrados, ven pasar estos vehículos y no saben si son criminales o federales. Tienen miedo. Suenan sirenas y tiros.

Para tratar de poner freno a la situación de violencia y de corrupción en las instituciones policiales del municipio, las autoridades deciden poner al frente de la Policía Municipal a un ex-militar de alta graduación. Se trata de Julián Leyzaola Pérez, teniente coronel retirado del Ejército Mexicano, que tiene como misión hacer limpieza de elementos corruptos el cuerpo de la policía municipal de Tijuana y colaborar con el Ejército y la Policía Federal en su lucha contra el narco. Su gestión es controvertida, mientras unos le califican de héroe otros le achacan la excesiva dureza de sus métodos. Sus declaraciones no dejan indiferente a nadie, hablando con sus escoltas les dice “No soy el clásico funcionario al que hay que sacar de la zona de fuego y protegerlo. Si nos atacan, protéjanse ustedes que protegiéndose nos protegemos todos. Es más fácil que cada cual se ocupe de uno de los que están tirando a que todos quieran cubrir al que me tira a mí”. La presentación la acabó asegurándoles: “Yo también me sé defender, yo sé tirar y tiro muy bien, yo siempre tiro a la cabeza. Si no mato, pues dejo loco”. Otra de sus perlas es “puedo ser tan bueno como quieran y tan malo como se necesite”. Quizá sea lo que requiere Tijuana.

El 15 de enero de 2008 dos mandos de la Policía Municipal de la demarcación de la Mesa son emboscados y acribillados sobre las 23.00 cuando viajaban a bordo de un Ford Escort azul. Cuatro horas después el jefe del distrito de Los Pinos fue asesinado, junto a su mujer y una de sus hijas, por el mismo comando con ráfagas de metralleta en el interior de su domicilio, ubicado en la colonia Loma Bonita. Minutos después, el comando se trasladó a la colonia Tres de Octubre, en busca, presuntamente, de otro mando policial, pero se equivocaron de casa y dieron muerte a un matrimonio y su hijo de tres años.

Fuentes extraoficiales revelaron que los homicidios eran una respuesta del crimen organizado al enfrentamiento ocurrido el lunes anterior entre presuntos pistoleros y escoltas del director de Policía y Tránsito Municipal, Julián Leyzaola –quien resultó ileso–, con saldo de un sicario muerto. Siguendo una macabra tradición, pocas horas antes los narcos habían mandado amenazas de muerte a esos mandos policiales por la frecuencia de radio de la policía.

El 17 de enero son los funerales por los policías asesinados. Se realizan múltiples controles en la ciudad e inmediaciones. En un transitado cruce agentes municipales dan el alto a un vehículo sospechoso y comienza un intenso tiroteo con los ocupantes de vehículo, miembros del cártel Arellano Félix. Desde ahí se inicia una persecución que culmina en el atrincheramiento de los pistoleros en una mansión conocida como “la Casa de Piedra”, en la calle de Agua Prieta, al sur de Tijuana.

Rápidamente acuden en apoyo efectivos del Ejército y de la Policía Federal Preventiva (PFP), que se suman al cerco y el tiroteo. Se acordona un área de dos manzanas y, en medio de escenas de caos, se evacua un parvulario cercano.

Los narcos profieren vía radio nuevamente amenazas de muerte, esta vez en contra del 01, en referencia al director de la Policía Municipal, Julián Leyzaola Pérez.

El tiroteo se prologa durante tres horas, durante las cuales los pistoleros logran poner a raya a uno trescientos militares y policías. Cuando finalmente se rinden y los agentes consiguen entrar en la mansión descubren una macabra sorpresa, aparecen seis cuerpos atados con cinta y con señales de haber sido ejecutados de un tiro en la nuca.

El enfrentamiento da como resultado un policía muerto y cuatro heridos (tres federales y un municipal), así como un delincuente muerto y cuatro detenidos. Se intervienen tres camionetas, tres chalecos antibalas, ocho rifles de asalto AK-47, tres armas R-15 y 30 cargadores.

Se produce una confusión inicial sobre la identidad de los pistoleros detenidos, así como sobre los seis cuerpos que se encuentran maniatados y ejecutados en el interior de la casa. Tras varias gestiones se puedo determinar que dos de los detenidos, José Juan Díaz Morales y Ramón Gámez Osuna ambos de 35 años, eran policías que colaboraban con los narcos en diversas tareas, entre las que figuraba facilitar información. Al parecer las seis víctimas maniatadas también eran delincuentes de grupos rivales.

Año 2011. Julián Leyzaola Pérez se encuentra ahora al frente de la Policía Municipal en Ciudad Juarez, tratando de aplicar las mismas medidas que implantó en Tijuana. Allí, en Tijuana, tras unos duros años, en lo que a número de asesinados se refiere, se produce una relativa mejora. Todos los hermanos Arellano Félix están fuera de circulación –ya sea muertos o arrestados—. El cártel de Sinaloa ha ganado la partida en ese territorio que casi domina por completo. Los delitos organizados, no sólo narcotráfico sino extorsión, secuestro y tráfico de personas y de armas continúan su curso, pero la violencia entre narcos disminuye o se hace menos evidente al haberse consolidado en el estado el cártel de Sinaloa.

Algunas voces argumentan que ha sido la gestión del jefe de la Policía Municipal, Julián Leyzaola Pérez, la que ha conseguido poner frenos a la corrupción policial y a los desmanes y la violencia de los narcos. Sin embargo, otras opiniones atribuyen la mejoría a la victoria del cártel de Sinaloa sobre los Arellano Félix, y lo que es peor, achacan a Leyzaola Pérez que luchara exclusivamente contra los Arellano Félix permitiendo así el dominio del cártel de Sinaloa en la zona. Diversos cables del cónsul de EE.UU en Tijuana, revelados por Wikileaks, apuntan en este sentido.

Existen diversos rumores relativos a que el Gobierno Mexicano, tratando de poner freno a la enorme violencia existente en el país, estaría favoreciendo al cártel de Sinaloa para que se imponga sobre el resto de los cárteles. De este modo la violencia generada por la lucha entre los diversos grupos disminuiría y el Gobierno centraría entonces el esfuerzo en un solo objetivo. Pero esa es otra historia.

Documento publicado por Wikileaks. Idioma inglés. 09TIJUANA732

Diversos reportajes sobre la balacera de Tijuana

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