La confesión del sospechoso y el trabajo policial

Dos hermanos de corta edad desaparecen en un parque de Córdoba sin dejar rastro estando al cuidado del padre. La madre, que está en trámites de separación, pone una denuncia contra el padre. Este colabora en todo momento con las autoridades, pero se muestra poco afectado. Parece raro. La Policía dice que los críos probablemente estén ya muertos. Mucha presión.

No me gusta hablar de casos abiertos. No permiten realizar un análisis pausado y sereno, contando con toda la información posible. Se trata más bien de dar una opinión basada en impresiones o intuiciones. Además, cuando no se tiene acceso directo a las fuentes, tan solo se puede opinar por lo que se ve o publica en los medios de comunicación. Ya hemos visto en muchas ocasiones que algunos medios o periodistas tienen en listón muy bajo en lo que a rigor profesional se refiere.

El trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad no es fácil. Y más complicado en casos con una enorme presión mediática. En algunos foros y determinados medios se oyen voces exigiendo que la Policía haga “lo que tenga que hacer” para descubrir la verdad. Afirman que hay métodos para hacer hablar a los detenidos, que somos demasiado garantistas, que sin tantos mimos este caso o el de Marta del Castillo ya estarían resueltos.

Pues bien, seguro que hay métodos para hacer que la gente hable y confiese. Podríamos llevar el sospechoso junto a expertos policiales en Siria o quizá llamaríamos a las puertas de algún centro de los servicios de Inteligencia en Irán. Tampoco sería mala opción dar un paseo con el detenido por Chechenia. Seguro que después de un tratamiento de “ablandamiento” en estos lugares conseguiríamos una confesión. El problema estriba en que, además de reconocer ser el culpable de los hechos que nos interesaban, una vez lanzado a confesar y con tal de agradarnos, el sospechoso manifestaría que mató a Kennedy, que conspiró para poner las bombas del 11-M en Madrid y, con algo de fortuna, se autoinculparía como autor intelectual de la crisis financiera mundial. ¿Qué hacemos entonces?, ¿aceptamos todas sus confesiones?, ¿solo la que nos interesa?.

Llegados a cierto punto de presión física, algunos lo llaman tortura, cualquiera confiesa con tal de que dejen de pegarle, perdón presionarle. Así no tiene mérito sacar una confesión. Además, está el pequeño problema de que esa confesión está viciada en origen. Confiesan los culpables, pero también los inocentes. Así confiesa todo hijo de vecino.

No está de más recordar un caso histórico “El Crimen de Cuenca”, ocurrido a principios del siglo XX, por el que dos sospechosos se reconocieron culpables de la muerte de un hombre que había desaparecido. Nunca se encontró el cadáver. Los dos condenados pasaron varios años en la cárcel, pero transcurrido cierto tiempo apareció vivo el presunto muerto. El escándalo fue mayúsculo. ¿Porqué confesaron ser autores de una muerte inexistente?. Eran los sospechosos principales y la Guardia Civil los “ablandó” tanto que confesarían lo que fuera.

Vivimos afortunadamente en una sociedad que es un Estado de Derecho. Los ciudadanos tenemos una serie de derechos y libertades que han costado mucho conseguirlas. El actual sistema procesal penal español garantiza el derecho del detenido a no confesarse culpable y a no declarar, si no desea hacerlo. Incluso tiene derecho a mentir. ¿Debemos cambiar las leyes?, ¿es excesivamente garantista nuestro sistema?. Eso forma parte de otro debate. Puede que tengamos como sociedad, todavía, demasiado complejo de democracia joven y necesitemos reafirmar y superasegurar los derechos. Quizás. Pero lo que no se puede es exigir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que consigan resultados, que hagan confesar a un sospechoso, asegurándoles a los policías que luego nadie preguntará como lo consiguieron. ¿Es eso justo?, ¿deben infringir las leyes que han jurado o prometido defender?, ¿deber cometen ilegalidades para hacer eficazmente su trabajo?.  ¿Y si no todo el mundo opina así?, ¿y si son denunciados?, ¿y si el juez que les toma declaración a los policías por presuntas torturas o detenciones ilegales no está de acuerdo con esa actuación?, ¿y si los policías metieron la pata y el sospechoso que torturaron era inocente?.

El mundo es un lugar complejo, lleno de normas, variables y factores que influyen en las investigaciones. Mi opinión es que los policías no deben de tomar atajos, deben de jugar con las reglas existentes, respetar los derechos de los sospechosos, detenidos e imputados. Deben de resistir la, a veces enorme, presión social y realizar su trabajo de acuerdo a las leyes. Eso sí, tendrán que trabajar duro, emplear muchos recursos, imaginación y bastante habilidad. Pero no tomar atajos. Es inmoral para muchos, la ley lo prohíbe y esa sociedad, que crees que estará agradecida, puede que tenga la memoria frágil o quizá cambie de opinión. Si hay que rebajar algunos derechos que se cambien las leyes. Mientras tanto a trabajar con lo que hay.

12 pensamientos en “La confesión del sospechoso y el trabajo policial

  1. Efectivamente habrá que trabajar con lo que hay. A veces los Derechos Humanos parecen pensados para favorecer a “los malos”, pero es simplemente un peaje que hay que pagar por vivir en una sociedad justa.
    De este caso una cosa que da pena (además, obviamente de los niños y sus familiares) es la situación del comisario al que acaban de apartar tras darse la circunstancia de ser el mismo del caso Marta del Castillo. A veces el azar se ensaña con uno.

  2. Varias consideraciones:
    -a pesar de no conocer los detalles de este caso concreto, por hechos anteriores y similares, se que a veces los auténticos especialistas (personal de homicidios, secuestros y desaparecidos de la UDEV Central de la Comisaría General de Policía Judicial y de algunas Brigadas Provinciales de Policía Judicial) no pueden trabajar con libertad y autonomía debido a que los mandos territoriales (Jefes Superiores y Comisarios Provinciales) desean llevar la voz cantante en el asunto y que, en caso de éxito, sea vendido como un triunfo personal. Repito que no se si este será el caso. Otro día hablaré del secuestro de Anabel Segura, las anécdotas de la investigación dan para escribir un libro.

    -Es una impresión personal, un padre que ha matado a sus hijos por despecho contra su mujer o a causa de un grave trastorno mental, no creo que sea tan “frío”. Normalmente el padre que ha hecho un acto similar está destrozado, muy afectado y se autoinculpa rápidamente. El carácter frío de Dolores Vázquez también supuso una losa para ella.
    Otra de las posibilidades es que los niños estén retenidos, con conocimiento del padre, y con la ayuda de algún colaborador. Psicológicamente no estaría “destrozado” porque sabe que están vivos. Todo esto son meras impresiones, hay que conocer los detalles de la investigación y no descartar ninguna posibilidad. Desde luego parece haber algo raro y algunas contradicciones en el comportamiento del padre.

      • A mi me parece raro que una niña de seis año y un niño de dos se vayan solo por ahí. Alguien los tendrá que haber visto y creo que el padre sabe algo que no quiere decir. Espero que estén bien. En el caso de Marta del Castillo, estoy de acuerdo en que no se debe maltratar para sacar la verdad a la luz, pero hacer algo para que tres niñatos por llamarlos de alguna manera se rían así de un país y sobretodo de unos padres destrozados.

    • Estoy leyendo tu blog y me parece muy interesante (soy de Buenos Aires). No concuerdo totalmente con vos; recuerdo muy bien el caso de Susan Smith (creo que así era su nombre), una mujer que mató a sus dos hijos dejándolos atados y semi dormidos en su auto, dejando el mismo frente a una laguna en EEUU, sacando el freno de mano y dejando que el coche cayera y se hundiera en las aguas. Luego dijo que a sus hijos los había secuestrado “un hombre de color”. Durante algunos días se mantuvo en sus dichos y la excesiva frialdad la hizo trastabillar hasta que confesó.

      • Gracias Laura por el comentario. No conocía este caso en concreto. Las madres que matan a sus hijos en ocasiones se muestran frías, como tu bien describes. El caso de los padres es algo diferente. Por supuesto, todo esto son generalidades que tan solo sirven para orientar. Los investigadores deben atender a su caso particular, al entorno y la cultura diferente que rodea cada asunto. Por ejemplo, un buen investigador en EEUU siempre será un buen investigador, pero es posible que desconozca los mecanismos culturales y psicológicos de otro país, y tenga dificultades para comprender las motivaciones de un criminal en Noruega.

      • Superinteresantes los 2 casos. Aunque me gustaría estudiar mas casos de padres varones que matan a sus hijos y no se autoinculpan. Creo que son excepcionales. Aunque por supuesto que matar a la esposa y su hijo neonato es un acto horrible puede, tan solo es una hipótesis, que psicológicamente para el padre sea menos duro que el hecho de matar a sus hijos ya crecidos. Lo que si que está comprobado estadísticamente es que se da mucho más el caso de madres que matan a sus hijos que los padres. Gracias de nuevo.

  3. Tienes toda la razón, aunque nos gustaría que una persona confesara su delito (y más en estos casos, porqué no me puede ni imaginar que frustación tienen que tener la gente que lo está padeciendo). Pero como bien dices, no podemos utilizar la tortura para conseguir el objetivo. Puede que tengamos que hacer una amplia revisión en el sistema penal, pero no se nos debería ni pasar por la cabeza que se puedan utilizar métodos de tortura para sacar confesiones, porque como dices, con tal que se acabe pueden incluso confesar que han matado a “X” sin ser cierto.

    Sigo el caso sobre los niños desaparecidos. También estoy al tanto del juicio de esta semana del caso Marta del Castillo. Aver que sucede con todo.

    Saludos.

    • Una opción sería aproximarnos al sistema procesal penal norteamericano que permite a la Fiscalía llegar a tratos y acuedos con los sospechosos, siempre y cuando se produzca una colaboración efectiva. Nuestra sistema es realmente rígido. Hace falta más imaginación. En el caso Marta del Castillo los detenidos se burlaron del sistema. Se llegó a un determinado momento en que no se podía sacar ninguna declaración en claro.

  4. Estoy de acuerdo en que hay que trabajar con lo que tenemos, y que lo peor de todo, es que un inocente termine en prisión.

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