Ciencia, Oficio y Arte. La investigación y su enseñanza.

¿Están correctamente formados los policías cuando salen a la calle?, ¿existe una formación concreta para la investigación?, ¿se les enseña a pensar o tan solo son unos meros recitadores de normas, procedimientos y legislación?.


La enseñanza de la función policial presenta muchas lagunas. Sobre todo en lo que respecta a la investigación, estando demasiado centrada en aspectos legales, sin el reconocimiento suficiente de la habilidades o conocimientos prácticos y operativos. Es claro que los policías deben conocer perfectamente el marco legal, en especial las leyes penales y procesales. La ley es el entorno en el que trabajan y tienen que manejarse con soltura en él. Pero no se trata de formar a juristas.

Es una visión extendida el hecho de pensar que no se necesita un entrenamiento específico para desarrollar la labor de investigación y que ese conocimiento se adquirirá con la experiencia y el trabajo diario.

Arte, oficio y ciencia. El trabajo policial es una combinación de los tres conceptos. Y los tres se pueden enseñar y entrenar, en mayor o menor medida.El Oficio lo podemos entender como el necesario conocimiento del marco legal. La Ciencia supone el manejo de técnicas y herramientas referidas especialmente a el campo de la policía científica. Por último el Arte, entendido como el necesario instinto u olfato policial sin el cual muchos de la casos criminales jamás se resolverían. Para los profanos en la materia, y para muchos no tan profanos, ese olfato policial ha estado siempre rodeado de aspectos misteriosos.

Un viejo investigador me dijo una vez “no olvides nunca que lo que resuelve los casos es esto” señalando su cabeza. Es cierto, lo podemos llamar cabeza, arte u olfato, pero está claro que hay que enseñar a pensar.

El actual sistema legal, existente en la mayoría de países avanzados, obliga a las diferentes policías a respetar los derechos de los detenidos y eso implica que para la resolución de los casos criminales se aplica el triple eje de Arte, Oficio y Ciencia. En primer lugar se conocen las leyes y se trabaja según las mismas en los diferentes pasos de la investigación tales como la toma de una declaración(oficio), en segundo lugar se utilizan diversas técnicas científicas (revelado de huellas, ADN, etc.) y por último utiliza el Arte (ese golpe de genialidad, ese olfato policial o esa manipulación del sospechoso para que confiese la verdad).

El Arte en el trabajo policial implica pensar, reflexionar y conocer el comportamiento humano, explotando sus debilidades. Es un factor sumamente importante que significa, en muchas ocasiones, la diferencia entre el éxito o el fracaso en la resolución de una investigación. Pues bien, la formación policial se centra mucho en las leyes y normas, un poco en la ciencia, y nada en el arte. No se les enseña a pensar.

Se achaca a la enseñanza universitaria que es endogámica, como uno de sus grandes males. Vive en su mundo, alejada de la realidad. Ese vicio se ha transmitido a la enseñanza policial. Los máximos responsables policiales encargados de la formación están más preocupados en conseguir para los diversos centros de formación certificados europeos de calidad, equiparaciones de las titulaciones que se imparten y demás chorradas del mundo académico que nada tienen que ver con una auténtica formación policial. Para lograr el cumplimiento de esos objetivos académicos se traen profesores universitarios que nada conocen del mundo policial y menos aún de esclarecer investigaciones. Se imparten materias alejadas de la práctica real de la función policial: metodología, estadística, sociología, entre otras. Hasta tal punto es absurda la situación que policías veteranos que realizan un curso de ascenso, con multitud de investigaciones resueltas y expertos en secuestros, son suspendidos en un examen por que no han resuelto el secuestro que se les planteaba en el examen siguiendo la metodología de la asignatura. Y cuyo profesor jamás ha tenido participación en una investigación de tales características.

La seguridad pública se enmarca dentro del sector servicios. Y el mundo de los servicios vive mucho de la imagen. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad lo saben y se preocupan de ello. Organizan exposiciones, exhibiciones, participan en congresos, tienen páginas web y gabinetes de prensa. Mucha gente dedicada a estas tareas, más de lo que se imaginan. Pero, ¿cuanta gente resolviendo casos?, ¿qué rescursos se dedican a su formación?.

Desde tiempos inmemoriales los policías veteranos enseñaban poco a poco a los novatos dentro de las unidades de investigación. Era complicado acceder a estas unidades, sobre todo en ciertas Brigadas y Unidades Centrales. Muchos eran los llamados pero pocos los elegidos. Se reclutaba gente que contaba con cierta experiencia en la calle. Era un privilegio servir esas unidades de investigación. Esto ha ido cambiando con el paso del tiempo.

El trabajo es duro, no hay horario fijo, el sueldo es prácticamente el mismo que para el que está en una oficina. Hoy en día se produce una gran rotación en este tipo de grupos. Se recluta a gente novata, recién jurada, con poca o ninguna experiencia. ¿A qué nos lleva esto?, la formación clásica en la investigación, que se adquiría con la experiencia y el aprendizaje de los veteranos se está empobreciendo. ¿Y la enseñanza en los centros de formación policiales?, brilla por su ausencia.

En las diferentes comisarías y unidades policiales los días transcurren y normalmente no pasa nada, pero cuando llegan los casos complicados los jefes policiales, que no son tontos, recurren a los pocos veteranos capaces de sacarles las castañas del fuego y resolver esa investigación que se ha estancado. Y esto, a la larga, acaba cansando. Son siempre las mismas caras las que se ven pidiendo un mandamiento en los juzgados los fines de semana. O los que acuden a una llamada a horas intempestivas. Con el tiempo incluso los más forofos se acaban cansando.

El común de los mortales pensará “al menos esos policías con experiencia se verán recompensados a la hora de ascender, se promocionarán más rápido”. Pues no. El sistema está montado de tal forma que solo se promociona el que estudia un temario largo y teórico, lleno de normativa y ciencias sociales. Poco que ver con el trabajo real. Y claro, si estás todo el día trabajando, con horarios esclavizantes, podrás ser muy buen policía o investigador, puede que hayas detenido a muchos delincuentes pero no podrás estudiar mucho. Y si no estudias mucho no apruebas, lo que nos lleva a que la gente busque destinos tranquilos y poco operativos en los que tengan tiempo para estudiar.

Los cursos de ascenso están llenos de caras jóvenes, muy estudiosos y con poca experiencia. La mayoría hacen muy buenos test, pero son incapaces de hacer que un sospechoso confiese su crimen. O no han tenido nunca un confidente. Esa gente ascenderá rápido porque estudian mucho. Y cuando lleguen a lo alto de la cúpula policial alguno de ellos será el responsable de la formación policial en su respectivo cuerpo. Entonces deseará que los planes de estudios y los centros de formación ganen premios de calidad, hará colaboraciones docentes con universidades, cargará los temarios de normativa y ciencias sociales. Y se sentirá satisfecho de lo buen directivo que es. Es posible, pero no será un auténtico policía. Nunca lo fue.

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