Policías ful. La amenaza insospechada.

Policías Ful es un término de argot policial que hace referencia a delincuentes que se hacen pasar por policías. De esta forma los criminales buscan una ventaja sustancial a la hora de cometer el delito. Las víctimas no se esperan que sean los propios defensores de la ley los que les asalten, quedan paralizados y los delincuentes lo aprovechan.

En muchos medios de comunicación e incluso en notas de prensa policiales se emplea de forma incorrecta la expresión “policías full”, cuando en realidad el término exacto es “policías ful”. Ful, según la Real Academia de la Lengua, quiere decir falso o fallido. El diccionario María Moliner establece que es una palabra proviniente del caló que se aplica a las cosas que se consideran de mala calidad, de poco valor.

Sea como fuere, el empleo de uniformes y distintivos policiales de todo tipo son un recurso clásico que los delincuentes han utilizado desde tiempos inmemoriales para tratar de facilitar la comisión del delito. Básicamente consiste en el empleo del disfraz, con el agravante de que el ir disfrazados de agentes del orden supuestamente generará una confianza en sus víctimas.

En determinadas ocasiones los criminales se disfrazan de policías para cometer robos contra otros delincuentes. Cuando narcos roban a otros narcos, generalmente haciéndose pasar por agentes del orden, hablamos de una modalidad delictiva conocida como “vuelcos“.

Conseguir una adecuada caracterización como policías no es fácil. Unas víctimas propiciatorias son los turistas extranjeros, que desconocen los diferentes organismos policiales del país y su funcionamiento. Existes grupos delincuenciales integrados por ciudadanos iraníes y paquistaníes especializados en robos a turistas extranjeros. Los emblemas, distintivos y demás parafernalia policial que utilizan estos grupos son, en la mayor parte de las ocasiones, grotescos. Jamás conseguirían engañar a los ciudadanos nacionales. Pero el objetivo de los criminales no son ellos. Los extranjeros, generalmente turistas, quedan desconcertados cuando unos presuntos policías les piden revisar su cartera por si llevan dinero falso o droga. Cuando finalmente se dan cuenta del robo muchos de ellos deciden no denunciar al suponer que se trata de policías corruptos. Si finalmente denuncian, y en el caso de que se capture a los delincuentes, la lentitud y burocracia de la justicia hace que los responsables sean pocas veces castigados ya que los turistas abandonan rápidamente el país y no pueden ser localizados para el juicio.

En diversas partes del planeta el crimen organizado cuenta, por desgracia, con la colaboración de miembros corruptos de las fuerzas del orden. Este es el caso más peligroso, aunque por fortuna no tan frecuente. Esos policías y militares corruptos facilitan información, cobertura y, en muchas ocasiones, material y uniformes para la comisión de las actividades criminales. Conocen a la perfección los procedimientos de las fuerzas de la ley y eso hace que sea difícilmente detectable, incluso para los propios policías, la actuación de esos delincuentes disfrazados de policías. En la narcoguerra encubierta que se vive en México las cifras dan escalofríos. El Ejército desde hace varios años participa en esta lucha. Datos estimativos hablan de una cifra de alrededor de 100.000 militares que han desertado durante los últimos ocho años. ¿A dónde van estos desertores?, muchos engrosan las filas de los narcos, llevando consigo toda su instrucción y conocimiento militar.

El terrorismo también se ha beneficiado en muchas ocasiones de este tipo de prácticas. ETA y otras organizaciones terroristas han usado documentaciones falsas de policías y guardia civiles, no para engañar a estos, sino para facilitar sus actividades con ciudadanos comunes.

El último y sonado caso ha sido el de Anders Breivik, el loco asesino noruego de la isla de Utoya, que diseñó un meditado plan criminal que le llevó a adquirir uniformes y distintivos de la policía noruega. En su manifiesto de 1511 páginas habla en términos generales de como se pueden conseguir este material policial en el mercado negro de los Países del Este. Sabía que ese uniforme falso no podría engañar a auténticos policías, pero el hecho de llevar un uniforme y emblemas realistas podía conseguirle uno o dos segundos extras a la hora de ejecutar su plan, creando una duda o confusión momentánea y, lograr así, neutralizar la amenaza que se le presentara.

Breivik cuenta que en agosto del pasado año viajó a Praga, capital de la república checa, para hacerse con armas y uniformes. No pudo conseguir las armas en ese viaje pero sí diversos emblemas de la policía de Noruega.

El 22 de julio de 2011 un policía desembarcó en la isla de Utoya y citó a los asistentes al campamento al objeto de informales sobre el atentado ocurrido en Oslo. Mientras los jóvenes se reunían alrededor del supuesto policía Breivik sonreía mentalmente y se felicitaba por que su plan había dado resultado. Poco podían imaginar que ese mensajero lo que les traía en realidad era la muerte.

http://www.cj-worldnews.com/spain/index.php/component/content/article/8-noticias/694-la-guardia-civil-detiene-a-20-integrantes-de-una-banda-de-policias-full

http://eldiadigital.es/not/33490/roban_disfrazados_de_policia_nacional_en_la_caja_rural_de_camarena/

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