Un fugitivo en las montañas

Eric Rudolph es conocido por ser el autor de una serie de ataques terroristas con bomba en el Sur de Estados Unidos a finales del siglo XX. Su acción más espectacular fue la colocación de un artefacto explosivo en las Olimpiadas de Atlanta de 1996, pero probablemente el hecho que le hizo más famoso fue la larga búsqueda para su captura durante cinco años en el Parque Nacional de Nantahala, en Carolina del Norte, sobreviviendo en una zona remota y agreste,  evitando el gran despliegue realizado por el FBI y otras agencias federales para capturarle.

Aunque nacido en Florida el 19 de septiembre de 1966, se crió en Nantahala, Condado de Macon en Carolina del Norte, una región de frondosos bosques en los que aprendió desde joven a disfrutar de la naturaleza y a valerse por sí mismo en ese entorno natural. Pasó cierto tiempo en un campamento de identidad cristiana en Missouri donde probablemente forjó y asentó sus ideas radicales más ultraconservadoras de la derecha cristiana de EE.UU.

Estuvo año y medio en el Ejército, entre agosto de 1987 y enero de 1989. Concretamente sirvió en la prestigiosa 101 División Aerotransportada, una unidad de élite del ejército norteamericano y con una larga tradición que se remonta al desembarco de Normandía. En enero de 1989 fue expulsado del Ejército por consumo de marihuana. Se estaba formando un coctel explosivo y muy peligroso: un sujeto criado y acostumbrado a sobrevivir en un entorno natural por sus propios medios, ideas radicales ultraconservadores y formación militar en una unidad de élite.

No se sabe a ciencia cierta cuál es el proceso mental que lleva a un extremista a dar el salto al terrorismo. Pero debe de ser muy parecido al de los radicales islamistas. El movimiento radical ultraconservador de Estados Unidos ya había dado señales de aviso. El 19 de abril de 1995 se produjo un hecho que conmocionó al país, el atentado de Oklahoma City que dejó un saldo de 168 muertos. Este acto terrorista fue cometido por Timothy McVeigh, considerado por muchos como prototipo de “lobo solitario“.

En cualquier caso, en 1996 Eric Rudolph decidió dar el paso y realizó su presentación en sociedad como terrorista. No podía elegir un escenario más mediático, las Olimpiadas de Atlanta de 1996. El 27 de julio de 1996 colocó un artefacto explosivo en el Parque Olímpico del Centenario.  En la explosión murió una persona y 111 fueron heridas, pero pudo haber sido una masacre mucho mayor. Un agente de seguridad, Richard A. Jewell, localizó el artefacto explosivo y logró evacuar a un gran número de personas evitando así una hecatombe. Richard Jewell fue un héroe durante tres días, justo hasta el momento en que empezaron a surgir artículos en varios periódicos señalándole como sospechoso. Al parecer encajaba en un perfil criminal hecho por el FBI: un policía frustrado, deseo de notoriedad y una vida mediocre. Richard Jewell pronto pasó de héroe a villano para los medios y aunque nunca fue formalmente acusado ni detenido, su domicilio fue registrado y se le sometió cierto tiempo a vigilancias e interrogatorios. El FBI no tenía pistas fiables sobre la autoría de la bomba de Atlanta.

El 16 de enero de 1997 se produjo una explosión en una clínica donde se practicaban abortos en las afueras de Atlanta. Poco después, el 21 de febrero de 1997, otra explosión tenía lugar en un bar lesbiano de Atlanta, hiriendo a cinco personas. El 29 de enero de 1998 otra clínica abortista en Birmingham, Alabama, fue atacada con bomba. En esta ocasión murió un policía que estaba fuera de servicio y una enfermera fue gravemente herida. La bomba estaba preparada con tornillos como metralla para causar mayor daño. Esta sería su última acción terrorista. Un testigo anotó la matrícula de su vehículo de Carolina del Norte y, tras averiguar el propietario y conseguir su foto, otro testigo le reconoció abandonando el lugar de los hechos andando. Estaba sentenciado.

Pronto el FBI le relacionó como el autor de los ataques con bomba de las Olimpiadas de Atlanta y a las clínicas abortistas y bares gay. Se inició entonces un enorme despliegue para tratar de capturarle. Empezaba la caza del hombre. El FBI le incluyó en las lista de los diez más buscados.

Eric, sabiéndose perseguido, decide ocultarse en un entorno que conoce bien: en el territorio del Parque Nacional de Nantahala, en plenos Apalaches. Está acostumbrado a desenvolverse en la naturaleza, es un tipo individualista y, como John Rambo en Acorralado, sabe que no podrán capturarle fácilmente.

El FBI y el ATF emplean todo tipo de recursos en su búsqueda: helicópteros con cámaras térmicas, equipos especiales de búsqueda, sabuesos, mapas aéreos e incluso llegan a ofrecer una recompensa de un millón de dólares por información que conduzca a su captura. Atraídos por el premio y, ante la incapacidad de los agentes federales para encontrarle, grupos de cazadores, aficionados y caza recompensas se internan en los bosques con la intención de atrapar a su presa.

“Conseguimos cientos de pistas” dijo Jim Cavanaugh, un agente del ATF. “Era como Elvis, se le veía aquí, se le veía allí, estaba en todas partes, pero no se le cogía”.

El FBI sospechaba de la población local, que eran reflejados en los medios como paletos montañeses o “hillbillys”. El FBI creía que era imposible que sobreviviera sin apoyo de algún tipo. Entre la gente de la zona, donde se había criado Eric, existía bastante apoyo a los ideales y motivaciones de Eric Rudolph, aunque no todos estaban de acuerdo con sus métodos radicales. Camisetas con la leyenda “Run Rudolph Run” se convirtieron en un éxito de ventas. En Internet los radicales se referían a Rudolph como un héroe y algunos hacían llamamientos a cometer más actos violentos siguiendo el patrón establecido por Eric Rudolph.

La familia de Rudolph estaba convencida de su inocencia y se encontraba sujeta a vigilancia. El 7 de marzo de 1998, con Eric todavía desaparecido, su hermano Daniel se grabó en video cortándose una mano con una radia para, en sus propias palabras, “enviar un mensaje al FBI y a los medios”. La mano pudo ser re injertada con éxito.

31 de mayo de 2003, han pasado cinco años desde que se inició la búsqueda de Eric Rudolph. El FBI desmontó hace tiempo el enorme despliegue, aunque Eric sigue prófugo y en busca y captura. Un joven policía de la localidad de Murphy, la localidad donde creció Eric, acude a una llamada por un posible robo en una tienda de ultramarinos a las afueras de la ciudad. Detiene sin resistencia al sospechoso, que dice llamarse Jerry Wilson, y se lo lleva a comisaría. Una vez allí otro policía lo reconoce como Eric Rudolph por los carteles que había puesto el FBI por toda la ciudad. Interrogado por los agentes, y cansado de ese constante huir, reconoce que es el que buscaban.

Según el propio Rudolph, sobrevivió todo ese tiempo acampando en los bosques, recolectando bellotas y salamandras, saqueando huertos y basureros, así como robando grano de un silo.

En abril de 2005 Eric Rudolph llegó a un acuerdo por el que se declaraba culpable de todos los cargos evitando así una posible condena a la pena de muerte. El acuerdo incluyó la señalización y localización de varios zulos en los que Eric escondía material explosivo. Se recuperaron 110 kg de dinamita.

Actualmente Eric Rudolph cumple cadena perpetua en la prisión federal de máxima seguridad de Florence sin posibilidad de libertad condicional. Como otros reclusos pasa 22 horas y media al día solo en una celda de 7.4 m2.

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