El secuestro de Quini

En marzo de 1981, el secuestro de Enrique Castro ‘Quini’, el delantero centro del Barça, conmocionó al barcelonismo y a todo el fútbol español. Tras 25 días de sufrimiento Quini fue liberado por la policía del zulo de Zaragoza en el que tres secuestradores le habían recluido.

Por aquella época España se convulsionaba un día sí y otro también. Los atentados terroristas de ETA y GRAPO se sucedían con frecuencia mortal. Pocos días antes del secuestro los involucionistas acababan de fracasar en el golpe de Estado del 23-F y un débil Gobierno de Calvo Sotelo se sostenía a duras penas a la espera de unas próxima elecciones generales. En medio de este caos tenía lugar el secuestro de unos de los futbolista más carismáticos y de mayor talento del fútbol español: Enrique Castro ‘Quini’.

1 de marzo

El Barça va segundo en la liga, a dos puntos del Atlético de Madrid. Acaban de golear en partido de liga por seis a cero al Hércules en el Camp Nou, con dos goles del propio Quini. La próxima jornada les toca el Atlético de Madrid. Al terminar el partido, y antes de ir a buscar a su esposa al aeropuerto, Quini es abordado por dos individuos a punta de pistola que le hacen subir a su coche, que después abandonarían, y lo trasladaron en una furgoneta a un paradero desconocido.

La mujer de Quini, Mari Nieves, llega a El Prat y al no verle allí ni en su casa comienza a preocuparse. Avisa a la policía de lo ocurrido. La directiva del Barça se moviliza y lo pone en conocimiento del gobernador civil, Josep Cordech, que moviliza la Brigada de Investigación Criminal. Núñez, Gaspar, Segura y Alexanco pasan la noche en casa de los Castro. Se vive una madrugada llena de tensión.

2 de marzo

A las 12:30 del mediodía se presenta una denuncia oficial de desaparición. La noticia ya es pública y corre como un reguero de pólvora. Van al domicilio de Quini directivos, jugadores y amigos. En la puerta de su casa se concentra decenas de periodistas y curiosos. Los telegramas y las llamadas de ánimo no paran. La policía hace diversas batidas y es localizado el coche de Quini con las puertas abiertas.

Al difundirse la noticia desaprensivos tratan de llamar la atención o sacar tajada con el incidente. Se producen diversas llamadas reivindicando el secuestro, desde un grupo auto denominado Batallón Catalano-Español que justificaba el secuestro diciendo “un equipo separatista no puede ganar la liga” hasta otro grupo que reclamaba 350 millones de pesetas.

Se pide la colaboración ciudadana pero, de momento las pistas son falsas y la investigación infructuosa. El nerviosismo aumenta. Hacia la media noche es encontrada en una cabina telefónica de L´Hospitalet una carta firmada por el jugador, en la que asegura que se encuentra bien. La policía rastrea la zona sin éxito.

3 de marzo

Todos los diarios españoles publican el hecho en portada. También los europeos dedican grandes espacios ala noticia. Sedice que los secuestradores ya se han puesto en contacto con la directiva y que el Barça está dispuesto a pagar. Se habla de cien millones de pesetas. Las muestras de solidaridad crecen día a día. Los jugadores de la plantilla se reúnen en el vestuario, su moral está destrozada.

A las 11.30 de la noche del tercer día, la esposa del jugador, Mari Nieves, recibe en su casa una llamada de los secuestradores. A lo largo del secuestro, se producirían un total de 21 llamadas en 22 días. En el curso de estas llamadas la policía se va haciendo una idea del perfil de los secuestradores. Estos se muestran ansiosos y angustiados.  Alexanco, jugador del Barcelona y amigo de Quini, se convierte en el negociador de la familia y es el designado para hablar con los secuestradores.

5 de marzo

Se siguen diversas pistas que resultan falsas.  Se especula sobre la posibilidad que el Barça no vaya a disputar el decisivo partido de liga contra el Atlético de Madrid en el Vicente Calderón. Algunos jugadores son favorables a no jugar. Bern Schuster, jugador del Barcelona, afirma “no jugaré, además de piernas tengo corazón, sólo quiero que vuelva Quini”. La Federación dice que no se alterará el Campeonato.

El domicilio de Quini en Vía de Carles III se convierte durante aquellos días de marzo de 1981 en el centro de operaciones de la policía, la familia del jugador e incluso los periodistas que esperan, día tras día, alguna noticia de su paradero.

8 de marzo

Se juega el Atlético-Barça. Lleno absoluto. Los jugadores desmoralizados y sin ganas de jugar son derrotados por los colchoneros. El partido acaba 1-0 y las esperanzas de obtener el título prácticamente se diluyen. Cinco mil aficionados esperan en el aeropuerto con gritos de “Quini libertad”. Gritos de ánimo hacia los jugadores que con los directivos van al domicilio de Quini. Schuster declara que por culpa de Núñez y de Helenio Herrera “se ha perdido la liga”.

13 de marzo

Los secuestradores se ponen en contacto telefónico con un industrial zaragozano al que le ofrecen diez millones de pesetas para que actúe de intermediario, trasladando a Quini en su avioneta particular a un punto todavía indeterminado. Al día siguiente volvieron a llamarle para concretar que el lugar sería Logroño. Concertaron una cita en el bar del Aeroclub de Zaragoza, a la que, sin embargo, no acudió nadie.

15 de marzo

El Barça juega el segundo partido sin Quini, en Salamanca y pierde 2-1.

20 de marzo

Los secuestradores han pedido como rescate cien millones de pesetas, que han de ser depositados en una cuenta de <<Credite Suisse>> en Suiza. Como el Barcelona tiene que cobrar una cantidad de la firma suiza Omega, se negocia que la empresa ingrese la cantidad en la entidad financiera. Nicolau Casaus, vicepresidente del Barcelona, se traslada a Ginebra para supervisar la operación.

22 de marzo de 1.981

Partido en el Camp Nou contra el Zaragoza, empate a cero y muestras de solidaridad de toda la afición.

25 de marzo de 1.981

La policía española y la suiza actúan coordinadamente y se consigue que se levantara el secreto bancario para poder descubrir al titular de la cuenta donde se tenían que ingresar los cien millones. El titular de dicha cuenta era uno de los secuestradores, Víctor Manuel Díaz Esteban. Este llega a Suiza para cobrar el dinero del rescate que el club debía ingresar. Tras sacar un millón de pesetas en dólares se investiga donde se aloja y se siguen todos sus pasos. A las seis de la tarde se le detiene en Ginebra (Suiza) cuando iba hacia el aeropuerto para coger un avión hacia París. Poco después confiesa donde está Quini, que está encerrado en el subterráneo de un taller mecánico situado en el número 13 dela calle Jerónimo Vicens, de Zaragoza. A las diez de la noche, la policía entra en el local y libera a Quini, después de detener a otro individuo. Al cabo de diez minutos, desde la Dirección de Policía, se ponen en contacto con Mari Nieves. Rápidamente se sabe la noticia del final feliz.

Quini habla con la prensa aragonesa: “Preguntadme lo que queráis. Estoy muy contento de poderos contestar”. Media hora más tarde sale hacia Barcelona con el jefe de policía de Zaragoza. La gente se amontona delante dela Dirección Generalde Policía de Barcelona para esperar la llegada de Quini. Se canta el “Asturias, patria querida”, las aceras están llenas de gente aplaudiendo a la policía después del secuestro, es una fiesta. A las dos y media llega la comitiva y con un Quini demacrado, con barba y visiblemente agotado, baja de un SEAT 131 en medio de la ovación de centenares de aficionados. Quedaban atrás veinticinco días dramáticos. Quini ya está en casa.

LOS SECUESTRADORES

Los tres secuestradores eran jóvenes trabajadores de un taller mecánico de Zaragoza que se encontraban en paro. Ninguno de ellos tenía antecedentes, lo que complicaría las investigaciones.

A nombre de Sandino Téjela estaba alquilado el sótano y la furgoneta de su propiedad con la que se llevaron A Quini. Las 250.000 pesetas empleadas para financiar el secuestro fueron aportadas con los ahorros de los tres cómplices.

Víctor Manuel Díaz Esteban, de veintiséis años, fue detenido en Ginebra (Suiza) el 25 de marzo tratando de cobrar el dinero del rescate. Había retirado de la cuenta un millón de pesetas que necesitaba para cubrir los gastos del secuestro, ya que se habían quedado sin dinero. Posteriormente sería extraditado a España. Además de Víctor Manuel Díaz Esteban, la bandala completaban Fernando Martín Pellejero (electricista) y José Eduardo Sandino Téjela (mecánico).

Los secuestradores confesarían que como se les estaba acabando el dinero presupuestado para el secuestro, pensaron en liberar a Quini. La idea del secuestro fue de los tres y no tomaban ninguna decisión sin consultarse. Pellejero era el que se ponía en contacto telefónico con la familia. Eran unos simples “aficionados” y las decisiones las tomaban sobre las marcha (estos golpes “improvisados” en ocasiones terminan dramáticamente precisamente debido a la falta de profesionalidad de sus ejecutores como en el caso Anabel Segura). Antes del pago en Suiza intentaron cobrar el rescate en un hotel, en Gerona y en Persignan, pero todas las tentativas se vieron frustradas.

El jugador asturiano, después del final feliz, no tuvo malas palabras hacia sus captores: “se han portado muy bien conmigo. Me tenían afecto. Me han parecido buena gente y siempre me decían que no me pasaría nada…”.  ¿Unas declaraciones de Quini producto del síndrome de Estocolmo o reflejo su carácter afable?, lo cierto es que los secuestradores no fueron precisamente amables en las negociaciones y en más de una ocasión amenazaron a la familia con matar a Quini.

EL JUICIO

En enero de 1.982 se celebró el juicio. El jugador había retirado la acusación contra sus secuestradores aunque el Barcelona decidió seguir adelante la causa y pedir treinta y cinco millones de indemnización porqué consideraba que había sido perjudicado gravemente por el acto delictivo, ya que había provocado la pérdida dela liga. Elabogado contratado por el club pidió además veintitrés años de prisión para los secuestradores y dos para el encubridor. Quini en su declaración minimizó la responsabilidad de los delincuentes, cosa que no comprendieron los dirigentes del club azulgrana. La sentencia, dictada el 15 de enero, condenaba a los acusados a diez años de prisión y a pagar cinco millones al jugador. Quini renunció al dinero. Por otro lado se consideró improcedente la demanda de la entidad barcelonista.

LOS POLICÍAS

El Inspector Francisco Álvarez Sánchez  ocupaba en aquella época la dirección del grupo de atracos enla Jefatura Superiorde Barcelona. Había conseguido una cierta notoriedad por su eficacia. En los ambientes policiales se le había otorgado el apodo de “El Cerebro” y se le había augurado una brillante carrera.

Al grupo de Álvarez le correspondió el caso casi por casualidad. Fue cuestión de horas que le hubiera tocado a otra unidad. Para los policías implicados era algo totalmente nuevo, nunca habían trabajado en un caso así.

Los diez policías que integraban el grupo son: Francisco Álvarez, Manuel Barriuso, Jorge de Haro, Juan Martínez, Sebastián Trapote, Miguel Ángel Vázquez, Ángel González, José Lacasta, Constancio Riaño y Baltasar Lobato. Viven hoy en día repartidos por toda España (Girona, Tarragona, Almería, Valencia, Murcia, Barcelona…).

30 años del secuestro. Encuentro de los policías con Quini

“TODOS QUERÍAMOS SER STARKY Y HUTCH”

Jorge de Haro

Jorge De Haro era un joven Inspector de Policía malagueño, que entonces contaba 27 años, vivía las experiencias del Cuerpo Superior de Policía (refundido en 1986 conla Policía Nacionalen el actual Cuerpo Nacional de Policía) en plena transición. “Todos queríamos ser Starky y Hutch, la serie de moda; o sea, ir en vaqueros, con el pelo largo y botas camperas”, recuerda. Había conseguido su placa con 20 años y había visto así satisfecha una vieja ilusión que tuvo desde muy joven.

Cuando ocurrió el secuestro el jefe del operativo, Francisco A., ordenó al joven inspector malagueño que se fuera a vivir a casa del jugador. Él iba a ser el encargado de coordinar las formas de actuar de la familia y de Alexanco, que se convertiría en el portavoz de la familia ante los secuestradores. Además, era el responsable de custodiar una maleta con 100 millones de pesetas que llevó el presidente del Barcelona, José Luis Núñez. “Yo estaba allí casi las veinticuatro horas: sólo iba a mi casa a ducharme y a cambiarme de ropa. En casa de Quini, en un sofá, era donde dormía”.

Fueron días difíciles para todos. Jorge, junto a sus compañeros, eran los que estaban obligados a mantenerla calma. Teníanun claro objetivo: rescatar a Quini lo más pronto posible. “Al vivir días tan significados es lógico que me granjeara una excelente amistad con la familia de Quini y sus compañeros. Trabé muy buena relación con Alexanko, Anton Parera y las personas que más se prodigaron por la casa durante aquellos días”.

Con el país pendiente del paradero de Quini, empezaron a recibirse las primeras llamadas. “Casi desde el principio yo pensé, y se lo hice saber a mis compañeros, que era gente aragonesa. El acento delataba al que llamaba”.

“Los secuestradores sabían, porque se lo habíamos indicado, que disponíamos del dinero entre las nueve de la mañana y las diez dela noche. Labolsa con los 100 millones de pesetas estaba, bajo llave, en uno de los cuartos de baño de la vivienda, y yo era el responsable dela misma. Porla noche, con la escolta precisa, la bolsa iba al banco, y no era hasta la mañana siguiente cuando volvía a casa. El dinero siempre dormía en la entidad bancaria, cuyo director era el encargado de abrirla por la noche.

“Hubo momentos en que estaba pendiente de la operación casi toda la policía de Barcelona. Y es que cuando pudimos detectar que las llamadas que hacían eran desde alguna cabina de la zona del  casco antiguo y la Barceloneta, se llegaron a vigilar todas las que allí había. En el momento que recibíamos una llamada de los secuestradores, el aviso en contraseña que se daba a todos los compañeros era ‘El pájaro está en la jaula’ y entonces, si el encargado de la cabina veía que había alguien en la cabina, entraba, le arrebataba el auricular y preguntaba si al otro lado hablaba Alexanko, el encargado de descolgar el teléfono en casa de Quini… Y estuvimos a punto de cogerlos así, pero tuvimos mala suerte. Llamaron, todo se hizo como estaba previsto, pero dio la casualidad de que el compañero encargado vigilaba dos cabinas, y cuando acudió el secuestrador había terminado de hablar”.

Las conversaciones se repetían, pero los captores no encontraban la fórmula de recoger el dinero. Les llegaron a ofrecer la posibilidad de dejarlo en una papelera previamente indicada, pero rehusaron correr ese riesgo.

“El punto flaco de un secuestro -comenta el hoy Inspector de Policía en segunda actividad- es recibir el dinero. Primero lo intentaron recogiendo el dinero de una papelera previamente señalada, pero se percataron de que había vigilancia. Fue inmediatamente después, al cerciorarse de que estábamos pendientes, cuando llamó uno de ellos, el de siempre, y amenazó con cortarle un dedo a Quini y enviarlo a casa si persistía la intervención policial. Mari Nieves, su mujer, se derrumbó. Estaba, lógicamente, aterrorizada”.

Como prueba de vida durante el secuestro los secuestradores dejaron en el bañó de una cafetería una cita sonora enla que Quini pronunciaba unas palabras más o menos tranquilizadoras para su familia.

Finalmente los delincuentes anunciaron que abrirían una cuenta en Suiza donde habría que depositar el dinero, concretamente enla entidad Credit Suissede Ginebra. “El jefe ordenó que nos fuésemos al país helvético un compañero del grupo de atracos, un miembro de la Brigada de Delitos Monetarios y yo. El segundo venía para custodiar los tres millones de pesetas que llevábamos, porque entonces era inviable sacar 100 millones de España y, de hecho, para sacar la cantidad mencionada hubo que disponer de todas las autorizaciones necesarias”, cuenta Jorge.

“Desde hacía poco tiempo, meses si acaso, las autoridades españolas y suizas alcanzaron un acuerdo por el que se podía levantar el secreto de una cuenta bancaria si por medio había un delito penal. Los secuestradores pensaban que esa norma del secreto era inquebrantable. Por tanto, conseguimos una comisión rogatoria del juez suizo y el director del banco se vio obligado a darnos los datos y la copia del pasaporte  del español que había abierto la cuenta”.

Aunque era un dato importante la persona que abrió la cuenta podría ser cualquiera y que no tuviera ni idea del paradero del futbolista.

El pasaporte reflejaba que el sospechoso era natural de Zaragoza lo que coincidía con la intuición de Jorge al oírle hablar por teléfono. Aquel acento maño que él había detectado. “Enviamos el documento a Madrid con un piloto de Iberia y nos confirmaron que era auténtico. La policía suiza detecta en qué hotel se alojaba el individuo, y empieza su seguimiento y vigilancia. No podíamos precipitarnos, porque debíamos asegurarnos de que era él. Desde Barcelona nos confirmaron que el pasaporte era auténtico y que su titular no tenía siquiera antecedentes”.

En Ginebra los policías españoles no podían intervenir, tan sólo colaborar: “La policía suiza, una vez controlado el individuo, le hizo un seguimiento exhaustivo. A nosotros nos informaban continuamente”.

El problema era comprobar qué dinero reintegraría el supuesto secuestrado, ya que en el banco suizo sólo ingresaron tres millones de pesetas, puesto que estaba prohibido sacar de España la cantidad que solicitaban los raptores.

“Afortunadamente, creo que sólo sacó medio millón de pesetas. Nosotros le habíamos dicho que estaba depositado todo el dinero. Tuvimos suerte y no vieron siquiera el saldo dela cuenta. Peroel objetivo era encontrar a Quini. Por tanto, continuó el seguimiento, hasta que se comprobó que el individuo compraba un billete de avión para París. Eso nos lo complicaba todo: no iba a España, que era donde podíamos actuar”.

Fueron momentos de dudas y mucho nerviosismo: “Finalmente, dan la orden de detención y otro grupo de policías suizos, distintos a los del seguimiento, se encargan de hacerlo en plena calle, con infinidad de medios y gran eficacia. Inmediatamente, se le interviene el dinero y empezamos a interrogarlo mi compañero y yo”.

No fue fácil el careo con el supuesto secuestrador. “En principio -cuenta Jorge- lo negó todo, pasadas unas horas empezó a derrumbarse e intentaba salvar a sus amigos, un par de cómplices. Le indicamos, en una treta en vista de que no tenía gran experiencia en delinquir, que pasada la medianoche, si no se había encontrado a Quini el delito de detención ilegal se convertía en asesinato, y que de eso sería él acusado. Sudaba, estaba nerviosísimo y por fin dio la dirección de dónde se encontraba Quini”.

Desde Barcelona acudió un grupo para proceder al rescate. Antes, miembros de la policía de Zaragoza vigilaron un taller mecánico donde habían construido un zulo perfecto.

Jorge se reencontró con Quini hace unos meses, cuando el Sporting -equipo en el que es delegado- visitó al Málaga. El policía malagueño abandonó Barcelona en 1984, por lo que se vieron más de veinticinco años después. En este reencuentro, el ex futbolista recordó con Jorge que cuando entró un policía en el zulo, con una Magnum 350 encañonándole, se cubrió con el colchón y pidió por favor que no le mataran. Hasta que el compañero de Jorge no le dijo quién era no se tranquilizó el jugador, que rompió a llorar por la emoción.

Jorge tiene en la actualidad 57 años y dirige una empresa de localización de coches por satélite en Málaga. Compartió amistad con Alexanco y Quini durante los tres años más que estuvo en Barcelona y nunca olvidará esos frenéticos e intensos veinticinco días de marzo de 1981.

Fuentes:

http://www.sport.es/es/noticias/barca/quini-una-vez-mas-gracias-por-todo-1483561

http://labandaizquierda.blogspot.com.es/2009/01/el-secuestro-de-quini.html

http://www.ymalaga.com/sociedad//un-policia-malagueno-vivio-en-directo-el-secuestro-de-quini.42580.html

5 pensamientos en “El secuestro de Quini

  1. ¡Fenomenal! Por razones de edad no pude seguir muy de cerca aquel secuestro y nunca supe exactamente quien estaba detrás. Estos días también vuelve a las portadas otro secuestro oscuro, que si recuerdo bien, el del empresario zaragozano Publio Cordón. Detenciones por aquello 17 años después. A ver si el autor del blog se curra una texto sobre el tema, por pedir que no quede😉.

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