Errores “científicos” en la investigación criminal

El caso de los niños de Córdoba ha dado un vuelco espectacular y rocambolesco dejando en mal lugar al Cuerpo Nacional de Policía y en especial a la Comisaría General de Policía Científica. Un análisis independiente solicitado por la familia de Ruth Ortiz, madre de los niños desaparecidos en Córdoba, confirmó que los restos óseos hallados en la finca de las Quemadillas (propiedad de los padres de José Bretón) pertenecían a individuos humanos de corta edad, contradiciendo de esta forma el informe realizado por la Comisaría General de Policía Científica en Madrid que atribuyó dichos restos a pequeños animales y descartando el origen humano de los mismos.

La familia de Ruth Ortiz, al tener fundadas sospechas de José Bretón mentía y de que la clave podía estar en la fogata encontrada en la finca de las Quemadillas decidió contratar los servicios el antropólogo Francisco Etxeberría, subdirector del Instituto Vasco de Criminología. El resultado de dicho informe contradecía radicalmente el informe pericial de la Policía Científica afirmando que los restos sí que tenían un origen humano. El informe de Francisco Etxeberría fue facilitado a la Policía y, entonces sí, decidió que se realizara un tercer informe por parte un experto ajeno al Cuerpo Nacional de Policía. El elegido fue un prestigioso experto en antropología dental, José María Bermúdez de Castro. Sus conclusiones respaldan la tesis del origen humano de los restos que aventuró Etxeberría, estableciendo que “corresponden a un niño de 6,22 años”.

¿Cómo es posible que la Comisaría General de Policía Científica cometiera este error de bulto en un tema tan mediático?. Difícil de responder, lo cierto es que en este campo, como en tantos otros, los “errores” ocurren. El factor humano juega sus malas pasadas y fallos que no deberían tener cabida suceden. Para los ajenos a este mundillo puede parecer increíble, si a ello le añadimos cierto oscurantismo o falta de comunicación oficial ya estamos dando pábulo a numerosas teorías conspiratorias. Nada más lejos de la realidad, ni siquiera se trata de una hábil treta para hacer que el sospechoso confiese, ¡ojalá fuera así!. La verdad es más mundana y grotesca.

En los últimos tiempos se ha avanzado mucho en la investigación criminal mediante el empleo de técnicas científicas. Desde el descubrimiento y utilización de las impresiones dactilares (las famosas huellas dactilares) a finales del Siglo XIX la Ciencia no ha hecho más que avanzar y ayudar en la resolución de casos. El futuro de la investigación criminal va a ir cada vez más unido al empleo de diversas técnicas científicas. Pero también es cierto que la actividad científica ha sido objeto de un culto excesivo y casi místico, muy alejado en ocasiones del verdadero fundamento científico.  Las innovaciones técnicas y nuevos conocimientos científicos ponen de relieve nuevos datos que contradicen en ocasiones conocimientos anteriores dados por ciertos.

En asuntos policiales y judiciales los informes de peritos y expertos son escasamente sometidos a crítica y tomados como verdad universal. Esto se ve favorecido por el gran  desconocimiento de las técnicas científicas empleadas en la investigación criminal así como  el hecho de que han de ser las partes las que han de pagar los costes de los informes independientes. En la mayor parte de las ocasiones esos informes periciales aciertan, pero no siempre es así. Hasta cuerpos policiales tan prestigiosos y mediáticos como el FBI cometen errores de bulto en casos importantes.

https://mundocriminal.wordpress.com/2011/10/11/la-huella-misteriosa-y-el-americano-del-11-m/.

Otro caso sonado y reciente fue el encarcelamiento del español Óscar Sánchez por parte de las autoridades italianas como presunto líder de un grupo de narcotraficantes.

La Policía española envió a las autoridades italianas numerosas pruebas que indicaban que Óscar Sánchez no era la persona que buscaban los italianos. Pero la juez italiana encargada del caso afirmaba que su voz es la misma que la del capo interceptado por la policía italiana, ya que el fiscal antidroga de Nápoles asegura que fue realizado “por el mejor técnico de Nápoles”. No debía de ser tan bueno, peritajes posteriores demostraron que no se trataba de la misma voz.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/peritaje-voz-definitivo-justicia-italiana-exculpa-oscar-1548924

http://www.abc.es/20110721/espana/rc-juez-rechaza-pruebas-exculpan-201107211846.html

En España, tan propensos a escurrir el bulto y justificar por nuestros errores, el Ministro del Interior ha declarado en referencia al error de los huesos de los niños “cuando un científico hace un informe, lo hace con su buena voluntad. El mejor escriba hace un borrón”. Yo me pregunto si dicho borrón lo hubiera cometido en el curso de su trabajo un agente de seguridad ciudadana (los patrulleros) o miembro de la policía judicial (los investigadores en los diversos cuerpos policiales) probablemente estaríamos hablando de un agente procesado. Bueno, no se trata de hacer leña del árbol caído pero si de asumir responsabilidades y, sobre todo, mejorar y depurar procedimientos, dado que se ha demostrado que algo ha fallado y de forma grave. Con respecto a la famosa huella del americano del 11M, el FBI inició una abultada investigación interna que culminó con cambios en diversos procedimientos. Por cierto las conclusiones de dicha investigación son públicas. Igualito que en España, donde todo lo relacionado con el Ministerio del Interior y la Seguridad Pública, está encerrado bajo siete llaves y los ciudadanos, a falta de datos objetivos, tan solo pueden especular en este campo.

Otro día hablaremos de la UDEV Central (Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta de la Comisaría General de Policía Judicial) y la falta de humildad de sus jefes como encargados de la investigación del caso.

Por cierto, lo único que me gusta de la serie CSI es que los investigadores (Policía Judicial) y los de Policía Científica trabajan en equipos conjuntos. Este es el único hecho veraz (al menos en los países anglosajones) de una serie demasiado fantasiosa.

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