Reconocimientos. La prueba imperfecta.

En un mundo perfecto no habría crímenes. En un mundo medianamente perfecto habría crímenes pero siempre se cogería y condenaría a los criminales porque existirían numerosas pruebas contra ellos. En el mundo imperfecto en el que nos ha tocado vivir desgraciadamente hay crímenes y no siempre se coge a los culpables. De hecho, cuando se captura a algún sospechoso, en numerosas ocasiones las pruebas con las que se cuentan son pocas y endebles. Los reconocimientos son habitualmente empleados como pruebas incriminatorias. Pruebas imperfectas para un mundo imperfecto.

No son raros los casos en los que la única prueba incriminatoria o de cargo es la declaración de las víctimas, que rotundamente identificaron a personas como autores de los delitos. El problema reside en el hecho de que los reconocimientos son pruebas subjetivas, basadas en el recuerdo y capacidad de observación de la víctima o testigo. Y aún cuando la persona que realiza dicho reconocimiento esté en perfectas condiciones y tenga sus capacidades plenamente funcionales puede darse el error.

En España el Tribunal Supremo y el Constitucional consideran que el testimonio de una víctima o testigo puede ser prueba suficiente para condenar. Lo que más valoran es la seguridad con la que se reconoce al acusado. Sin embargo seguridad no siempre es sinónimo de acierto. La psicología del testimonio habla de que a lo largo de los procedimientos de identificación, las víctimas muchas veces ponen la cara del sospechoso al recuerdo borroso que tienen del agresor. En las identificaciones erróneas influyen múltiples factores: el tiempo pasado entre delito y reconocimiento, la edad y sexo de víctima y agresor, los prejuicios y el tipo de agresión.

En ocasiones los policías afectados por la conocida como “visión de túnel” ofrecen un feedback de confirmación al testigo que acaba de realizar una identificación fotográfica positiva de un sospechoso, lo cual refuerza la convicción del testigo en dicha identificación. Frente a la creencia común de que las víctimas de un delito graban en su memoria todo lo ocurrido, en realidad la angustia y el estrés hacen muy difícil que tengan la objetividad necesaria para registrar los detalles del delito y de su autor. A menudo los testigos prestan poca atención a los agresores o criminales en el momento de comisión delito, lo cual deriva en un pobre recuerdo del aspecto del criminal. Si el testigo ha visto álbumes fotográficos o a estado en una rueda de reconocimiento esto le servirá de manera inconsciente para reemplazar o completar ese pobre recuerdo original con estos nuevos datos.

En 1999 Francisco Javier G. R. fue detenido y condenado por la Audiencia Provincial de Cádiz a 12 años de cárcel por la violación de un niño de nueve. El menor le había identificado cuatro veces “de forma inmediata, sin la menor duda”. Se equivocó. El Tribunal Supremo lo absolvió en 2005, tras aparecer nuevas pruebas que demostraban que estaba trabajando en su tienda de informática cuando ocurrieron los hechos.

En Cataluña, Ahmed Tommouhi y Abdelrrazak Mounib fueron condenados, en base a una identificación de la víctima, a 51 años de cárcel por la violación repetida de una mujer en Olesa de Montserrat (Barcelona) en 1991. El verdadero agresor fue detenido cuatro años más tarde y el Supremo los declaró inocentes en 1997, gracias a pruebas de ADN.

Los sistemas de identificación de la policía y los jueces pueden influir en los testigos y crearles falsos recuerdos. Al cometerse un delito, normalmente víctimas y testigos van a comisaría para hacer la denuncia y una primera declaración en la que describen al autor. La policía les enseña álbumes de fotos de sospechosos, en los que sólo debe haber personas que hayan cometido delitos de iguales características. Si identifican a alguien, se suele realizar una rueda de reconocimiento en la que, con el sospechoso, tiene que haber personas de características físicas similares.

Este protocolo de actuación no siempre se cumple. Francisco Javier G. R. no había sido nunca detenido ni condenado por un delito contra la libertad sexual y, pese a ello, su foto fue mostrada por la policía a un niño violado.

No es raro que el juez ordene repetir una rueda para ver si el testigo se ratifica, lo que,  no tiene sentido. Una primera identificación equivocada sirve para que luego el testigo identifique al sospechoso sólo porque le suena de la primera rueda.

Uno de los problemas más importantes en la administración de justicia son los errores que cometen los testigos en sus identificaciones, que dan como resultado personas acusadas de delitos que no cometieron. Estos errores tienen una enorme importancia debido a las consecuencias que tiene mantener a un inocente en prisión, mientras el culpable permanece en libertad.

En Estados Unidos las identificaciones erróneas representan la mayor causa de condenas a inocentes, jugando un papel importante en más del 75% de las condenas que se demostraron equivocadas mediantes pruebas de ADN. De 40 casos analizados por Wells, Small, Penrod, Malpass, Fulero y Brimacombe (1998) en los que las pruebas de ADN absolvieron a inocentes injustamente condenados, en el 90% de los casos uno o más testigos los había identificado erróneamente (algunos de ellos habían sido inicialmente condenados a muerte). La asociación norteamericana Innocence Project recoge 238 casos de personas absueltas gracias a análisis de ADN, tras haber sido erróneamente condenadas. Casi todos ellos fueron acusados de delitos sexuales, lo que facilitó que pudiera contrastarse su ADN con el de los restos biológicos del delito. No tuvieron tanta suerte todos aquellos acusados de otros delitos en los que no es habitual encontrar rastros biológicos (semen, sangre o saliva).

Es una gran tragedia que se produzcan este tipo de errores, además de una grave injusticia. Se hace necesario mejorar protocolos y procedimientos para tratar de evitar o recudir al mínimo este tipo de situaciones.  Pero también hay que preguntarse ¿deseamos vivir en un mundo en el que los criminales no paguen por sus delitos por falta de pruebas? ¿o bien en un mundo Orwelliano vigilados constantemente?. Lo cierto es que actualmente no podemos prescindir de este tipo de pruebas imperfectas en este mundo imperfecto en el que nos ha tocado vivir.

Fuentes:

http://identificaciondepersonas.blogspot.com.es/p/falsos-culpables.html

http://elpais.com/diario/2005/08/08/sociedad/1123452002_850215.html

http://www.innocenceproject.org/understand/Eyewitness-Misidentification.php

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