Emboscada a federales en Michoacán

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Un ataque dirigido contra un convoy de agentes federales en el estado de Michoacán acaba con la vida de 12 ellos y deja 13 heridos de gravedad. Es una de las mayores emboscadas contra agentes federales en la narco guerra que se vive en México. IMÁGENES DE CONTENIDO EXPLÍCITO.

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7 de la mañana del 14 de junio de 2010, un convoy de la Policía Federal transita por la carretera Zitácuaro-Toluca. Se trasladan en dos grupos, distribuidos en ocho camionetas con seis agentes en cada una. De repente se encuentran con dos vehículos de alto tonelaje que les cierran el paso: un autobús turístico y otro de los que se usan para el transporte público colectivo, y comienzan a recibir un intenso tiroteo desde varios flancos.

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En esa “ratonera”, 10 agentes son abatidos casi al instante, perforados por la lluvia de balas que salieron de dos docenas de metralletas AK-47 y AR-15. Como pudieron, algunos uniformados repelieron la agresión y emprendieron la huida. Sin embargo, un par de kilómetros más adelante, sobre la misma vía son atacados desde un puente que cruza la carretera con otra lluvia de balas procedente de un fusil Barret calibre .50, así como diversas armas de asalto y granadas de fragmentación.

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El Barret calibre .50, es un fusil de precisión de largo alcance de extraordinaria potencia y capacidad de penetración. Es conocido como matapolicías, porque perforan el blindaje de los chalecos antibalas de los agentes.  Su uso está orientado sobre todo para poder eliminar objetivos desde grandes distancias ya que su alcance efectivo es de 1800 m. La capacidad de penetración de su munición es tal que puede destruir el motor de un automóvil aún después de traspasar el blindaje. Tampoco hay cristales blindados que se le resistan.

El caos y la muerte se apoderaron de la zona. Los agentes responden como pueden. El tiroteo duró unos 20 minutos. La acción planeada los acorraló por completo, un autobús en llamas, 3 kilómetros más adelante, bloqueaba el camino.

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Tuvieron que pasar cerca de 30 minutos para que la policía y los servicios de emergencia municipales llegaran en búsqueda de algún superviviente. La escena que encuentran en las inmediaciones del puente era dantesca. Sangre y cuerpos por doquier, cientos de casquillos de AR-15, AK-47, 9mm, 45 y otros. También se hallaban chalecos antibalas y ropas negras.

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Los cuerpos de los oficiales quedaron en el pavimento pero no estaba ninguno de los sicarios, a pesar de que varios agresores perdieron la vida y otros más resultaron heridos. Habían sido retirados por sus cómplices. Posteriormente se encuentra el cuerpo de uno de los sicarios a bordo de un vehículo abandonado. Inmediatamente dio comienzo un gran despliegue por parte del Ejército y la Policía Federal para tratar de localizar a los agresores y evitar su huída.

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El 16 de junio, Alaín Escutia Ruiz, alias “El León” y a Emilio Obed Palacios Andrade, “El Monstruo”, son detenidos en la ciudad de Morelia por su presunta participación en la emboscada. A los detenidos, les fueron decomisados dos fusiles de asalto calibre 7.62 x 39, un arma corta, 104 cartuchos, un cargador, dos bolsas con marihuana y uniformes oficiales, entre otras pertenencias.

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Tras la detención de estos dos sujetos se supo que el ataque a los federales fue ideado por Nazario Moreno, alias “El Chayo“, líder de la organización de “La Familia Michoacana“. Este personaje habría ordenado a uno de sus jefes de plaza identificado como “El Chuky”, el ataque contra los elementos de seguridad, en represalia por las múltiples detenciones de integrantes de la organización en la zona del municipio de Zitácuaro.

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Pablo Magaña Serrato alias "La Morsa"

Pablo Magaña Serrato alias “La Morsa”

El Chucky a su vez se reunió con diversos grupos criminales dirigidos por los sujetos identificados como “Don Pete” y “El Morsa”, quienes serían los autores materiales del ataque armado. Un grupo de nueve sujetos a bordo de cuatro vehículos, dirigidos por Don Pete, si situó en el primer puente a la espera de que pasara el convoy federal. El segundo grupo liderado por “La Morsa” reunió a 18 sicarios, quienes a bordo de ocho camionetas se trasladaron al lugar segundo puente para encerrar al convoy de los federales.

Tras el ataque “La Morsa” y “El Chucky” ordenaron a los sicarios dispersarse por varios municipios del estado y que se mantuvieran ocultos en un periodo de ocho a 15 días después del atentado contra los policías.

La Familia Michoacana

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El cártel irrumpió en la región de Michoacán, una de las zonas más pobres de México, en 2006 cuando cinco cabezas fueron arrojadas en la pista de baile de un bar con un mensaje que decía: “Sólo muere quien debe morir. Sépanlo toda la gente; esto es justicia divina”. Se basaban en una mística pseudo religiosa con la que justificar sus sanguinarios asesinatos y se hicieron acreedores de una rápida expansión, territorial y comercial en el negocio del narco. Algunas de sus señas de identidad eran las decapitaciones de rivales y los ataques audaces contra las fuerzas de seguridad.

Nazario Moreno

Nazario Moreno – “el Chayo”

Su jefe Nazario Moreno González, alias “el Chayo”, por cuya cabeza se ofrecía una recompensa de más de dos millones de dólares, reclutaba miembros para “La Familia” evangelizando y recuperando a drogadictos que se encontraban en tratamiento para desengancharse. Una vez limpios se les prohibía el uso de drogas o alcohol para formar parte de la organización.

Como tantas otras organizaciones criminales nacidas en zonas marginales y desfavorecidas, “La Familia” ofrecía préstamos a granjeros, negocios, colegios e iglesias de Michoacán, logrando de esta forma un apoyo social en un territorio abandonado secularmente por las autoridades. Este apoyo se traducía en una vasta red de informadores y colaboradores, entre los que se incluían políticos y policías.

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“La Familia” aseguraba administrar ‘justicia divina’ a violadores, ladrones, corruptores de jóvenes y otros a los que el sindicato consideraba como indeseables. Rechazaba el término de cártel y buscaba presentarse como una organización de servicio a la comunidad, como la Cruz Roja o el Ejército de Salvación, que ayudaba a quienes tienen necesidad. El hecho de que todos sus integrantes fueran michoacanos fortalecía el espíritu de comunidad.

Desaparición de “El Chayo”

A mediados de diciembre de 2010 las autoridades realizan una gran operación en Michoacán para tratar de capturar a los máximos responsables de “La Familia”.  El operativo estaba integrado por militares y agentes federales.

Las autoridades habrían obtenido información sobre el lugar donde se celebraría una ceremonia religiosa a la que supuestamente acudiría ‘El Chayo’. Apatizingán, una localidad al sur del estado, era el lugar señalado.

La incursión de un convoy de policías en la ciudad alertó a los sicarios que iniciaron con un ataque al que le sucedieron refriegas durante dos días entre uniformados y pistoleros con un saldo oficial de 11 personas muertas, entre ellas un bebé de ocho meses, una adolescente de 17 años y cinco uniformados.

Apatizingán presentaba un aspecto de zona de guerra con varios vehículos quemados continuaban bloqueando la entrada de la ciudad y sólo se podía ingresar a la ciudad por un accidentado camino de tierra debido a que la entrada principal estaba bloqueada.

Los informes oficiales señalaban que ‘El Chayo’ había sido abatido, sin embargo su cuerpo era retirado por sus sicarios replegados hacia zonas de difícil acceso en la sierra. A pesar de la intensa búsqueda nunca se encontró su cadáver.

 El mito

El 27 de octubre de 2012 las autoridades federales realizan un operativo en la zona de Michoacán. Entre el armamento encontrado en un rancho de la zona se hallan diversos documentos que  podrían ser muestras de vida de Nazario Moreno, alias “El Chayo”, quien podría ser el nuevo líder del cártel narcotraficante Los Caballeros Templarios.  Se hallaron escritos dirigidos a Nazario Moreno, quien se presume murió en diciembre de 2010 como resultado de un enfrentamiento con policías federales. La sospecha crece porque el cuerpo de Moreno nunca fue encontrado, ni se tiene ninguna evidencia física de su muerte.

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En algunos lugares del Estado de Michoacán, principalmente en la región de Tierra Caliente en el municipio de Apatzingán, Nazario Moreno alias “El Chayo” es venerado como santo. Los pobladores han colocado varios altares del fundador del cartel de “La Familia Michoacana”, protagonizados por figuras donde Moreno González carga una espada y viste botas y una túnica dorada parecida a la de los caballeros templarios.

Un pensamiento en “Emboscada a federales en Michoacán

  1. es muy cierto, nunca murio ni el “Chayo” ni el Lazca, todo es contubernio entre autoridades y gobiernos estatales.

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