Bombas contra IKEA

IKEA arrest4

Entre mayo y septiembre de 2011 la compañía IKEA se vio sacudida por una oleada bombas caseras colocadas en algunos de sus centros comerciales en países de centro Europa. Dichas bombas formaban parte de una campaña de extorsión contra la multinacional sueca y supuso un auténtico reto para policías europeos.

El 30 y 31 de mayo de 2011 hacían explosión en establecimientos IKEA de Gent (Bélgica), Lille (norte de Francia) y Eindhoven (Holanda) diversos artefactos explosivos. Dichas bombas detonaron tras recibirse un aviso alertando de su presencia y disponían de un temporizador con una pequeña cantidad de explosivo. Si bien no se produjeron heridos de gravedad y los daños fueron limitados, la alarma creada era importante. En todos los casos los artefactos y el modus operandi eran similares.
De inmediato la policía holandesa procedió a registrar las diez tiendas IKEA existentes en Holanda. Como medida preventiva la rama holandesa de la compañía envió a casa a sus 4.000 empleados.

El 10 de junio de 2011 otro incidente de la misma naturaleza tuvo lugar en otro establecimiento de IKEA en Dresde (Alemania) dejando dos heridos leves.
A pesar de los intentos de restar importancia a los hechos por parte de las autoridades y los responsables de la multinacional, los ataques llegaron a conocimiento de la opinión pública y pronto surgirían numerosos avisos falsos de bomba, con el consiguiente caos. Igualmente se recibieron numerosos correos exigiendo el pago de diversas cantidades de dinero para poner fin a las bombas.  La policía de Dresde llegó a acudir a un conocido programa de televisión dedicado a casos sin resolver con la intención de recabar la colaboración ciudadana.

El 2 de septiembre de ese mismo año la policía de la República Checa desactivaba otro artefacto en Praga, después de desalojar dos establecimientos de la misma cadena. Tras este último incidente, los responsables de IKEA recibieron mensajes exigiéndoles el pago de seis millones de euros con la amenaza de continuar con la campaña de bombas contra sus tiendas si no accedían al pago exigido.
Los analistas de Europol apuntaban a que los ataques eran obra de una sola persona y solicitaron la colaboración ciudadana para identificarlo. El sospechoso era descrito como un hombre con aspecto europeo originario de los Países del Este, de 175 cms de altura, pelo corto y rubio, de entre 35-45 años y con gafas.

Sprengsatz explodiert in Dresdner Ikea-Kaufhaus

Por desgracia para la compañía sueca esta no era la primera vez que sufría ataques con bombas en un intento por extorsionarla. En 2004 dos polacos fueron encarcelados como responsables de colocar dos artefactos explosivos en tiendas de IKEA situadas en territorio holandés en el año 2002. Trataban de extorsionar a la compañía exigiéndoles un pago de 250.000€. Uno de los artefactos hizo explosión e hirió a dos policías.  En el año 2009 siete personas fueron detenidas en Holanda al recibirse un aviso anónimo que alertaba sobre un supuesto plan para colocar explosivos en tiendas de IKEA. Posteriormente se determinó que se trataba de un aviso falso y las siete personas fueron liberadas.

De vuelta al caso de 2011, la compañía sueca se vio obligada a incrementar la seguridad de sus tiendas. Tras un intenso trabajo conjunto de diversas policías europeas, con la colaboración de Europol, se pudo determinar que el origen de los emails en diversos idiomas con las demandas y amenazas a IKEA procedían de Polonia. Concretamente de la ciudad de Gdynia, al norte de Polonia.
El 8 de octubre de 2011, agentes polacos de paisano detenían a Mikolaj G. y Adam K., ciudadanos polacos de 39 años, como responsables de la colocación de las bombas y el intento de extorsión a IKEA.

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Uno de los arrestados contaba con antecedentes, entre los cuales se incluye el tráfico de drogas. El otro tenía un perfil muy diferente, se trataba de una persona sin antecedentes que había trabajado como manager en diferentes compañías y hablaba cuatro idiomas. Los detenidos habían abierto una cuenta por Internet y exigían que les fuera realizada una transferencia por valor de 6 millones de euros.

IKEA estimó las pérdidas causadas por las bombas en unos 4.200.000 €. Afortunadamente para la compañía, la policía tuvo noticia de estos hechos y la propia IKEA se negó a pagar. El problema de pagar, tanto en caso de secuestros como en las extorsiones, es que no se garantiza que los criminales no sigan reclamando dinero tras haber pagado inicialmente. Algunas personas y compañías prefieren no comunicar con las autoridades y tratan de solventar de forma privada la “crisis” accediendo a las reclamaciones monetarias de los extorsionadores.

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