El falso detector de bombas

Jim McCormick

A principios del año 2000, el expolicía Jim McCormick decía haber creado en su granja de Somerset, Gran Bretaña, un detector de bombas revolucionario. Se trataba de un equipo de detección avanzado con una tarjeta en su interior programada para detectar el más pequeño rastro de explosivo, drogas, marfil e incluso plata. Según él era un sistema tan vanguardista que éste funcionaría a una distancia de mil metros, ya fuera bajo tierra, agua o en el aire. El detector era tan revolucionario, que los cuatro laboratorios que decía tener en Rumanía y Reino Unido, trabajaban en el más estricto secreto.

En un par de años, el invento de Jim McCormick le reportó gran cantidad de dinero. Según The Guardian, estos detectores, vendidos por 27.000 libras (31.650 euros) la unidad, proporcionaron al “inventor” británico cerca de 50 millones de libras (59 millones de euros). Sus detectores de bombas se vendieron a servicios de seguridad de todo el mundo. Vendió a Irak, su principal mercado, a los cascos azules destinados en el Líbano, a la Policía de Kenia, a los servicios penitenciarios de Hong Kong, al ejército de Egipto, al servicio de aduanas de Tailandia y también a Irán, China, Siria, Jordania, Georgia y Méjico. Algunos de estos dispositivos habrían llegado a venderse incluso a Estados Unidos, Canadá, Japón y Bélgica.

Detectores de pelotas de golf personalizados

Lo cierto es que se trataba de una estafa a gran escala.  El fraude consistió en transformar en un supuesto detector de bombas una máquina destinada a encontrar pelotas de golf. Ésta no contaba con ningún componente electrónico y se vendía por menos de 20 dólares (15 euros) en Estados Unidos. El juez Richard Hone  consideró que: “Su comportamiento fraudulento basado en la venta de numerosos instrumentos sin utilidad con el fin de obtener enormes beneficios ha hecho que se tuviera una idea de seguridad falsa y en la práctica ha contribuido probablemente a causar daños y a provocar la muerte de inocentes”.

falso detector de bombas

Jim McCormick,  antiguo policía de 57 años, convertido en director de la empresa ASTC, fue condenado el jueves 2 de mayo por un tribunal de Londres a diez años de prisión por fraude.

Según la acusación, estos detectores “no tienen ninguna base científica” y son “totalmente ineficaces como elemento de un equipo de detección”. “Los aparatos no funcionan y él [McCormick ] lo sabía”, ha declarado el fiscal Richard Whittam. Una vez que se abrieron los detectores se comprobó que ni los casquillos al final de los cables ni las supuestas tarjetas de memoria estaban conectadas a nada. Según un experto al que consultó el tribunal, la antena destinada a detectar sustancias sospechosas “se parecía tanto a una antena de radio como a un clavo de nueve pulgadas”. El artefacto no era más que un simple detector cuya eficacia era limitada.

Riesgo para la seguridad

A pesar de que el hombre se defendió ante el tribunal de Old Baley, en Londres, afirmando “no haber recibido nunca queja alguna” de sus clientes, su invento ha podido poner en peligro la vida de miles de personas en todo el mundo, incluso en la actualidad. Esto es así ya que, según informaba el programa Newsnight de la BBC, a pesar de que las autoridades británicas impusieron en enero de 2010 la prohibición de exportar los detectores ADE 651 de la empresa ATSC a Irak y Afganistán, el periodista de la BBC Ben Brown descubrió que en marzo de 2013 estos artefactos seguían siendo todavía muy utilizados en Bagdad.

Nigel Rock, policía británico encargado de la investigación que permitió la detención de Jim McCormick en enero de 2010, informó que entre  2008 y 2010 el empresario había vendido más de 6 000 detectores a Irak por una cantidad de 40 millones de dólares (30 millones de euros). A las fuerzas de seguridad destinadas en los puntos de control se les había equipado con estos detectores para impedir los atentados suicidas y los atentados con vehículos bomba. “Estos dispositivos han sido utilizados en numerosos puntos de control en Irak durante toda esa época. Está claro que tanto los civiles como las fuerzas de seguridad se han expuesto a importantes riesgos al confiar en estos equipos”, ha comentado el investigador británico.

Fraude y corrupción

Aqil Al-Turehi, inspector general del Ministerio del Interior iraquí encargado desde el 2009 de una investigación por corrupción relacionada con la compra de detectores de la empresa ATSC, declaró a la BBC que sólo una de cada cinco bombas se habían podido detectar gracias a estos aparatos. Desde 2009, los soldados británicos y estadounidenses destinados en Basora y Bagdad habían cuestionado la eficacia de estos detectores después de haberlos analizados con rayos X y no haber encontrado nada en su interior. Así, un cabo informó al tribunal de Old Bailey que “nunca había visto que el artefacto detectara nada”. Entre 2008 y 2009, más de 1 000 iraquíes perdieron la vida en Bagdad debido a explosiones.

Según la BBC, había altos responsables iraquíes que conocían la falta de eficacia de estos detectores. Estos responsables, al igual que varios intermediarios, habrían podido recibir decenas de millones de euros a modo de soborno para que compraran estos artefactos, indica el periódico The Guardian. El inspector Al-Tuheri comentó a la cadena británica BBC que conocía la identidad de la menos ocho responsables iraquíes que habrían recibido sobornos. Por su parte, una persona que había trabajado con Jim McCormick y que denunció la situación declaró a los investigadores que había visto como se habían abierto cuentas con nombres falsos para poder ingresar dinero de sobornos a quince iraquíes.

En el marco de esta investigación el jefe del equipo de artificieros de Bagdad, el general Djihad Al-Djabiri y otras dos personas han sido encarcelados por corrupción y otros responsables iraquíes están siendo investigados. “No les importa saber si la gente vive o muere”, ha comentado la persona que sacó a la luz la situación. “Lo único que les importa es cuánto van a sacar en efectivo”.

Para The Guardian, “el Gobierno británico, de manera involuntaria, ha dado a McCormick un aire de respetabilidad”. Sus detectores se comercializaron en ferias comerciales patrocinadas por este Gobierno. A pesar de no tener derecho, Jim McCormick utilizó los emblemas de la Asociación Internacional de Técnicos de Explosivos y de la Cámara de Comercio de Essex y embaló sus detectores en cajas similares a las utilizadas para transportar material militar en las que aparecían autoadhesivos oficiales en los que se advertía a los usuarios que los detectores no debían ser abiertos.

The Guardian informa que el Gobierno británico habría necesitado más de un año para descubrir esta gran estafa. En noviembre de 2008, una persona que deseaba denunciar la situación escribió a Ian Pearson, secretario de Economía del Tesoro, para pedir que se detuviera con toda urgencia este comercio de detectores falsos. No se hizo nada. En enero de 2009 esta persona decidió entonces enviar un informe muy bien documentado a Jamers Arbuthnot, presidente del Comité de Defensa de la Cámara de los Diputados. No fue hasta doce meses después cuando se prohibió la exportación de los falsos detectores.

Fuente: http://www.lemonde.fr/europe/article/2013/05/02/prison-ferme-pour-l-inventeur-des-faux-detecteurs-de-bombes_3169733_3214.html

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