El camaleón

el impostor

En 1994 un niño tejano de 13 años, rubio y con ojos claros desaparece sin dejar rastro. Tres años después es hallado en España, al parecer el pequeño fue objeto de graves abusos sexuales por sus secuestradores. Pero ese niño que dice ser el Nicholas Barclay desaparecido años atrás ya no tiene el pelo rubio ni los ojos claros, ahora es moreno…

De hecho, ni siquiera habla inglés a la perfección. Tiene un ligero acento francés. A pesar de todo eso su historia convence a las autoridades y a una hermana de Nicholas que se desplaza desde Texas a España para traerse de vuelta al menor.

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Nicholas Barclay desapareció en 1994 con 13 años

La huraña actitud del joven es achacada al gran trauma que ha sufrido y sus cambios físicos al desarrollo natural de los adolescentes, sin sospechar que quien se hace pasar por Nicholas no es más que un impostor.

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En realidad se trataba de Frédéric Bourdin un “usurpador de identidades” de 24 años. Gracias a cremas depiladoras que le hacían aparentar imberbe y a una gestualidad estudiada al milímetro (pues Bourdin prepara su papel 48 horas antes de que comience la función), nuestro impostor logró engañar incluso a la madre del desaparecido. Tanto ella como el resto de la familia recibieron con los brazos abiertos al supuesto Nicholas de ojos marrones.

Tras casi cinco meses conviviendo en Texas con la familia el supuesto Nicholas es descubierto. A fines de 1997, un investigador privado local comenzó a sospechar de él mientras trabajaba con un equipo de televisión que había estado grabando a la familia. En febrero de 1998, el FBI obtuvo una orden judicial para registrar el ADN y las huellas dactilares del joven, las cuales confirmaron su verdadera identidad.  En septiembre de 1998, en una corte federal de San Antonio, Frédéric se declaró culpable de portar un pasaporte fraudulento y perjurio. Estuvo en la cárcel por seis años.

Este francés ejerce su extraño oficio con tanta pasión y minuciosidad que es capaz de engañar hasta al más desconfiado.  El mismo declara: “Puedo convertirme en quien yo quiera”. Y nadie lo duda. Su currículum es fascinante: ha reconocido haber asumido 39 identidades diferentes, incluyendo unos cuantos adolescentes huérfanos o desaparecidos.

Frédéric Bourdin

Ni ésta ni sus demás intentonas frustradas han impedido que Frédéric siga haciendo de las suyas allá donde vaya. Ha sido refugiado bosnio en Italia o huérfano en los atentados del 11-M en España. Pasa de un registro a otro con suma facilidad. Comenzó sus fechorías cuando era niño y asegura haber asumido, al menos, quinientas identidades falsas, tres de las cuales han pertenecido a adolescentes reales desaparecidos.

Bourdin nació en Nanterre, Altos del Sena, Francia, y fue criado por sus abuelos en la ciudad de Nantes, hasta que huyó a París. Asegura jamás haber conocido a su padre, quien, según ha declarado su madre, era un inmigrante argelino. Fue un hijo no deseado. No conoció a su padre,  su madre se lo entregó a sus abuelos y éstos a su vez lo colocaron en diferentes residencias. A los dieciséis escapó. Desde entonces vaga de un lado al otro y cuando no está fingiendo vive como un mendigo. Según él, lo único que busca es un hogar y su deseo pasa por encima de cualquier cosa.

Cuando Bourdin regresó de los Estados Unidos en el 2003, se mudó a Grenoble (Francia) y asumió la identidad de Léo Balley, un adolescente francés de catorce años que se encontraba desaparecido desde 1996, pero las pruebas de ADN demostraron lo contrario. En agosto de 2004, se encontraba en España asegurando ser un joven llamado Rubén Sánchez Espinoza, cuya madre había fallecido en los atentados terroristas de Madrid de 2004. Cuando la policía descubrió la verdad, lo deportaron a Francia.   En junio de 2005, Bourdin se hizo pasar por Francisco Hernándes-Fernández, un huérfano español de quince años, logrando vivir un mes en el College Jean Monnet de Pau, Francia. Según él, sus padres habían muerto en un accidente automovilístico.

Se vestía como adolescente, adoptó un estilo de caminar apropiado, cubrió su incipiente calvicie con una gorra y utilizó cremas depilatorias faciales. El 12 de junio, un maestro lo desenmascaró después de ver un programa de televisión sobre sus delitos. El 16 de septiembre, fue sentenciado a cuatro meses de prisión por posesión y uso de la identidad de Léo Balley. De acuerdo a sus declaraciones en entrevistas, Bourdin solo buscaba el amor, el afecto y la atención que jamás recibió de niño, de hecho, en varias oportunidades fingió ser un huérfano.

El 8 de agosto de 2007, Bourdin se casó con una mujer francesa llamada Isabelle tras un año de relación. Ambos son padres de tres niños.

El documental

“El Impostor” es un documental sobre este caso dirigido por Bart Layton.

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Presentada en Sundance 2012, El impostor ganó este año el Bafta a Mejor director, guionista o productor británico novel. En el pasado Festival de San Sebastián, fue presentada dentro de las sección Perlas y Bart Layton (director) y Dimitri Doganis (productor) defendieron su obra que ahora llega a la cartelera.

Durante una estancia en Almería, Layton leyó en una vieja revista sobre el caso Bourdin. “Inmediatamente me di cuenta de que podría ser un documental que atrajera a la gente que normalmente no esta interesada en ver un documental porque cuando lo describías sonaba como un thriller”, explica Layton. El director contactó con Bourdin a través del canal de Youtube del propio impostor. Y le propuso una larga serie de entrevistas, que filmó antes incluso de tener financiación para el proyecto, sobre las que se articula el documental. “Es obviamente un tipo inusual, incluso aunque sepas que ha hecho cosas terribles, te invita a mirar tras él y a creerle. Nos dimos cuenta de que el modo de hacer la película sería que el espectador experimente la manipulación. Llegas a entender por qué lo hace, cómo encanta, cómo seduce. Tiene la habilidad de contar la historia que quieres creer”.

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La llegada de Bourdin a Tejas es solo el comienzo. El impostor  es a ratos un estudio antropológico y, al mismo tiempo, una narración fascinante porque como espectador no cesan las preguntas: ¿Verdaderamente puede la familia creerlo? ¿Hasta que punto se engañan a sí mismos? “Llevó tiempo persuadir a la familia para que participara en la película: en los artículos y reportajes que se habían publicado sentían que no se les habían dado la oportunidad de contar su parte del modo que les hubiera gustado”, recuerda Dimitri Doganis. Ganándose su confianza, los cineastas consiguieron los dolorosos testimonios de la madre y hermanos que asumieron que aquel joven era su deseado hijo desaparecido.

Las pocas grabaciones caseras reales, especialmente la de la llegada de Bourdin y el reencuentro con su madre, son una experiencia asombrosa. Con más material real, El impostor hubiera sido una obra maestra al estilo Capturing the Friedman. La solución de Layton fue dramatizar el testimonio de Bourdin. “Cuando alguien te cuenta una gran historia, visualizas una película en tu mente. Creamos una extensión de la narración asegurando al espectador que no es material real”, dice Layton.

Gran documental e interesante caso que nos demuestra, una vez más, que la realidad empequeñece a la ficción.

Fuentes en español:

http://tomaprimera.wordpress.com/2013/05/10/el-impostor/

http://www.madriz.com/la-extrana-historia-de-frederic-bourdin/

http://es.wikipedia.org/wiki/Fr%C3%A9d%C3%A9ric_Bourdin

Fuentes en inglés:

http://www.theguardian.com/lifeandstyle/2008/sep/28/crime.unitedstates

Un pensamiento en “El camaleón

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